Fotografía Barbara Traver

Entrevista con la fotógrafa Bárbara Traver

La fotógrafa Bárbara Traver nos habla de su trabajo, influencias y experiencias en la fotografía.

La fotógrafa Bárbara Traver (1992) está especializada en retrato y fotografía contemporánea.
Su trabajo se nutre de ideas, sentimientos y percepciones a través de un concepto o una experiencia; trabajando intuitivamente sobre la intimidad, la identidad y el potencial narrativo o metafórico de lo cotidiano.
Su obra ha sido expuesta en galerías y ferias como CC PatiLlimona (Barcelona), en la GaleríaTheredoom (Madrid) o en la Sala Marqués de GonzalezQuiros (Gandía).; y a participado en festivales y seminarios como el de fotoperiodimo de Albarracin, PhotoAlicante, Encuentros fotográficosGijón, Fiebre, UtopiaMarkets o Cultur3 Club. En los últimosaños, he sido beneficiaria de la beca EFTI (2018), de la beca Feria de Arte Cultur3 Club (2018) y más reciente de la beca VEGAP (2021) para seguir trabajando en su proyecto “, te quiere, mamá”.

Fotografía Barbara Traver

Cuéntanos más sobre la serie “te quiere, mamá” que presentas en Cómo ser Fotógrafa. ¿Se basa en la relación íntima que mantienes con tu madre? ¿Qué te llevó a comenzar este trabajo?

No es exactamente así, pero sí. Se basa en la relación íntima que mantengo con mi madre, pero voy un paso más allá donde hago justicia a todas las madres. Es decir, además de ser madres, también es la persona que nos ha cuidado, mimado, educado, protegido, e incluso me atrevería a decir que maltratado.

En mi caso desde la niñez, mi madre me dejaba esa libertad de viajar, conocer, descubrir. Se convirtió, pues, en mi mejor amiga. Y yo en la suya. Entonces, ¿Por qué nos rebelábamos? Si quería que fuese tan libre, no entendía por qué me retenía a su lado. Ya en la adolescencia dejaba de ser mi mejor amiga para hacer el papel de madre.

A veces, entre discusiones, me decía: «Qué lástima que fuese yo la madre que te ha tocado ¿verdad? Ya podría haber sido la madre de alguna de tus amigas», a lo que le insinuaba: «Y que lo digas». En otras ocasiones afirmaba: «Algún día lo entenderás cuando seas madre» o, «ya verás el día que me muera». A pesar de que no tardábamos ni horas en pedirnos perdón, aquellas palabras hirientes aparecían de vez en cuando.
Es cierto que yo era muy joven, pero a medida que fui creciendo esas palabras seguían ahí latentes, y aún así, volvía a ella a través de ese cordón umbilical invisible que hace que nos acurruquemos en su vientre. Una vez más, colisionaba la necesidad de la aprobación con la intención de no querer decepcionar a alguien a quien quieres.

Es entonces en una de esas discusiones, me pregunté si estaba viviendo como la mujer que a mí me gustaría ser o como la mujer que mi madre quería que fuese. También me hice preguntas cómo ¿Qué papel jugamos las hijas? Porque aunque muchas no hayamos conocido la maternidad, todas hemos nacido, por lo tanto somos hijos e hijas, y hemos mirado el rostro de esa mujer preguntándonos ¿Quién es? ¿Cómo fue su vida? ¿Qué es ser madre? ¿Cómo se las ha representado? No podemos negar que ser madre, durante mucho tiempo, ha formado parte del destino femenino. Y no sólo eso, sino que aún seguimos arrastrando qué es ser buena o mala madre.

Por lo que pronto advertí que la necesidad de conocerla pasaba también por conocerme a mí y conocer lo que la había rodeado: muebles, objetos, cartas y, sobre todo, fotografías. Todo esto daba luz a esas cuestiones existenciales. Fue una pulsión lo que me hizo capturar el entorno con ella y almacenar todo ese pasado juntas.
También volví a las cartas que me escribió. Fue en una de ellas donde encontré el punctum. En esa carta mi madre recalca que siempre estaría orgullosa de mí. No sólo me vino a la mente la frustración de no conseguir una aprobación por el mero hecho de no vivir la vida que una desea, sino además el temor a equivocarte, a tener que hacerlo todo bien. No importa lo que hagamos, nos van a querer ante cualquier adversidad y decisión, por equívoca que sea, pero con la presión de que cuando lleguen a su lecho de muerte, nuestra vida esté solucionada. Es entonces cuando te percatas de que es imposible salvarse de todo sentimiento de decepción.
A medida que iba haciendo este proyecto, la pregunta por mi madre y su entorno iba siendo algo habitual en multitud de madres. Por lo que era inevitable extender ese anhelo íntimo al sentimiento global. Y me fui dando cuenta de que la maternidad esconde aspectos que a veces olvidamos, donde los grandes logros se esconden en los pequeños detalles.

A día de hoy, seguimos perdidas, pero ya no nos enfurecemos. En este periodo hemos sabido convivir en un mismo espacio, y no sólo eso, hemos establecido nuestro propio diálogo. He aprendido que nuestra relación es rencorosa e incomprensible, pero también es alegría y complicidad. Somos volátiles, bipolares, un huracán que cubre el espacio dentro del hogar. Mi negligencia emocional, la torpeza y el egoísmo forman parte de este vínculo. No soy mejor que ella. Podría decirse que estoy igual o más perdida, que me esfuerzo tanto o más a la hora de favorecer un encuentro.

Fotografía Barbara Traver

Sueles enfocar tus proyectos desde la experiencia personal pero, ¿cómo logras identificar esos instantes importantes dentro de lo cotidiano y las rutinas?

Ir a terapia ayuda, jajaja. Fuera bromas, no sé si alguna vez has buceado y has sentido que te arrastraba las aguas turbulentas, o mismamente como una ola te ha ido arrastrando –en el mejor de los casos– hasta la orilla. Instintivamente nadamos a contracorriente intentando salir de esas aguas agitadas, pero en esos casos lo mejor es dejarse llevar y procurar no entrar en pánico, ser consciente y poner atención en lo que (te) está ocurriendo.

Lo mismo ocurre cuando observamos lo que hay en nuestro alrededor. Lo que vemos es sólo la punta del iceberg, pero a medida que vamos profundizando nos encontramos con esas aguas confusas que nos remueve por dentro y se produce una abundante agitación, conflictos o discusiones con nosotros y nosotras mismas, y para que no nos entre agua en los pulmones, sólo tenemos que poner atención. Sería, por lo tanto, una observación de fuera hacía dentro para así poder sacarlo de dentro hacía fuera.

Fotografía Barbara Traver

¿Cuáles son tus referencias artísticas? ¿Qué otras fotógrafas o artistas te inspiran?

Siempre he tenido como referencia visual de Sophie Calle o Nan Goldin por su atrevimiento, su valentía y su dureza, y por otro lado extremo a Rinko Kawauchi, que nos muestra la belleza en las simples cosas de la vida. Cuando llevas tiempo en esto, es difícil desarraigarte de estas referencias que te han marcado, pero que con el tiempo se han ido implementando más, como Paula Anta, Bego Antón, Pascual y Vincent, Rubén H. Bermúdez o Laia Abril. Ya sea por su estética, su tema o su lucha constante hacía un tema.
También he vuelto a otros artistas visuales consagrados que en su momento no me decía nada, como es Eggleston o Mona Kuhn, pero yo siempre digo que no somos las mismas personas que ayer.

Por otro lado, bebo también de otras referencias como es el cine (Wong Kar-Wai, Andrei Tarkovski o Pawel Pawlikowski), pero sobre todo literatura. Encuentro en ésta muchas referencias visuales, ya que mi trabajo (y en las decisiones que tomo) parto mucho de preguntas filosóficas. Por ejemplo, fue a los 17 años cuando me leí “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. Para mí fue un cambio importante. Dejé a mi pareja de entonces y me fui de casa. Estos cambios hacen que yo me aproxime a la persona que quiera ser. Con mi trabajo “Retrato” estuvo muy presente la literatura de Mishima y en el caso del trabajo “, te quiere, mamá” mis referencias fueron literarias. Partí sobre todo del libro “Apegos feroces” de Vivian Gornick. También lo fue “Las Chicas Gilmore”, una serie que visualmente no me dice nada, pero que analizándola ayudó mucho en el proceso (sin mencionar que era la serie estrella de mi madre y mía).

Ahora, por ejemplo, estoy más obsesionada con Agnès Varda o Chantal Akerman. Ambas plantean cuestiones de las que me siento muy identificada con su trabajo, sobre todo con Akerman, que parece no pasar nada, pero es ahí donde reside todo. Es en la soledad y como su trabajo versa en una identidad que le acompaña su madre hasta la muerte de ambas donde encuentro su voz, que también es mía (e imagino que la de muchas).

Fotografía Barbara Traver

Estás trabajando en un fotolibro para este proyecto gracias a las ayudas VEGAP, ¿puedes contarnos en qué consiste este proceso de trabajo y cuándo podremos verlo publicado?

Cuando recibí las ayudas VEGAP, estaba tan emocionada que tuve que leer mi nombre varías veces por si había un error, jaja. Lo cierto es que viene de largo este proceso. Además de que trabajo de una manera pausada, de por medio ha habido un viaje por Sudamérica y también una pandemia.

Todo empezó cuando yo estaba haciendo el proyecto con mi madre, que parte del proceso estuve viviendo en Madrid mientras estudiaba el curso de foto reportaje y foto documental en la escuela EFTI, y a medida que iba avanzando, yo ya me imaginaba un álbum de fotografías que fue el que presenté en el curso final y al que regalé a mi madre.

El fotolibro, y no es por echarme flores, quedó precioso. Un álbum forrado con las cortinas de mi madre en un tamaño de A3 donde se abre dos partes (como el fotolibro “Red String” de Yoshikatsu Fujii’s), y con todas las fotografías, tanto las que capturaba como las de archivo, y las cartas. Aquello era un caos, no lo negaré, pero ¿cómo no iba a serlo? A fin y al cabo, las relaciones materno-filiales son un caos.

Aún así, me considero bastante tiquismiquis a la hora de llevar a cabo un proyecto. Así como a la hora de realizar los trabajos suelo dejarme llevar más por la intuición o el juego, cuando llevo a cabo ya el objeto en sí, me considero algo perfeccionista. Me ha dado mis males, pero también me he sentido satisfacción al ver acabado un trabajo como yo me lo imaginaba.
De normal suelo llevarlo a cabo los proyectos por mi cuenta, pero me vi tan abrumada y con tanto ruido, que me puse en contacto con Underbau para que me ayudasen en el diseño. Gracias a ellos y a la diseñadora Marina Meyer, consiguieron un concepto precioso, donde la narrativa y la incógnita están presentes, sin perder el mensaje.

Las ayudas VEGAP vinieron más tarde, en el que me ha permitido producir la maqueta y verlo en papel, con una calidad impecable de Palermo. Ahora me queda el trabajo de campo, que no es el que más me guste, pero del que considero la parte más importante para llevarlo a cabo. Con esto, podré enviarlo a festivales y me permitirá lanzarlo a becas e incluso realizar un crowdfunding.

Si la cosa no se alarga mucho más, para finales del 2022 ya lo lanzaría.

Por último, ¿qué tres consejos principales darías a otras fotógrafas que quieran visibilizar sus proyectos personales?

Que vayan a todo lo que puedan, y si es a una inauguración, mejor. No hay nada mejor que te conozcan y te pongan cara. Quitarse la vergüenza y ser algo atrevida, porque cuando te lanzas es cuando realmente aprendes de tus errores. Sí, eso les diría, que se lancen a todo: visionados, becas y concursos (tanto locales, como nacionales e internacionales). Que miren y observen cómo lo están haciendo otras mujeres fotógrafas y que en ese atrevimiento, también pidan consejo, porque desde luego nadie ha aprendido naciendo.

Fotografía Barbara Traver

Esperamos que os haya interesado la entrevista con la fotógrafa Bárbara Traver. Si quieres ver el trabajo de otras fotógrafas lo encontrarás en nuestras noticias.

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